Descripción
San José fue el protagonista fuerte y valiente que Dios necesitó como custodio de la Virgen María y del Mesías, para llevar adelante su plan salvífico. Adentrarnos en su vida significa encontrarnos con un hombre profundamente humanitario y comunicativo, ambos rasgos reflejados, fundamentalmente, en su virtud del silencio oportuno y de la escucha fecunda.
Oportuno fue su silencio cada vez que la prudencia y el respeto hacia el ser amado lo hicieron necesario. Oportuno, para la necesaria concentración en el trabajo de artesano, en la oración diaria y en la traducción de textos sagrados en la sinagoga. Oportuno, al transitar la experiencia de la significación excedida. Fecunda fue su capacidad de escucha, cuyo fruto principal fue la sabiduría de mirar más allá de lo inmediato, obedeciendo la voluntad divina con renovada esperanza, seguro de que la perspectiva de Dios es infinitamente más amplia que la humana.
En José encontramos, pues, un santo excepcional por su misión y sus virtudes, pero, a la vez, real y humano, dado que experimentó sufrimientos y alegrías, avanzó en su camino sobrellevando incertidumbres, lloró amargamente, apreció las bendiciones que recibía a diario, soportó el exilio, caminó largas distancias sin escatimar esfuerzos, cambió de planes con firme decisión cada vez que la integridad de su familia estuvo en peligro y, sostenido por una fe inquebrantable, supo sopesar sus propios razonamientos a la luz del contexto situacional e histórico en el que se hallaba. Todo en él lo confirma como modelo por excelencia de la virtud cristiana.




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