Entre ladrillos, fratachos y rondas de mate, este libro levanta —poema a poema— una casa interior. La primera parte observa el obrador: el pulso del trabajo, la geometría de las rectas y las curvas, la libertad que nace del hacer y el eco del tiempo en cada pared. La segunda parte abre la puerta a la infancia, a las raíces y a la ternura de lo cotidiano, donde caer como hoja también es forma de dar y seguir. Con un lenguaje nítido y contemplativo, el autor convierte la construcción en una poética de la dignidad y la perseverancia: construir es existir, y en esas obras queda, para siempre, el alma de quienes las levantan.
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