Este libro es una carta íntima de una hija a su padre, pero también una reflexión profunda sobre los vínculos, las herencias emocionales y la paternidad en el mundo actual. Entre recuerdos de clubes, viajes para ver rugby y silencios que marcaron, la autora recorre escenas de amor, miedo y aprendizaje. Con sensibilidad y lucidez, pone en palabras lo que muchas veces se calla —cómo se educa sin mapa, cómo se corta con lo que duele y cómo se construyen relaciones más conscientes—. A medio camino entre el testimonio y la reflexión, esta obra interpela a hijos, padres y madres por igual.
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