Leandro escribe como sacándole chispas a la madrugada. Midiéndote todo el tiempo como si fuera un boxeador, haciendo que corras los límites de la humillación cada vez que te enfrentás a un texto, donde la cara del protagonista puede ser la de cualquiera e incluso la tuya. Te desafía con situaciones íntimas y cargadas de la más atormentada soledad. Escribe, describe y vive la angustia, el dolor, la resaca, el arrepentimiento, la tristeza. Sus textos se conjugan en carne viva, provocando la incomodidad y el disfrute de su interlocutor.
Animarse a entrar en las Noches Plutónicas, es atreverse a ver cara a cara las noches más obscuras que Capital nos puede dar. Estar en esta Noche Plutónica es rozar las ásperas aristas de un sinfín de catástrofes cotidianas pensadas para que el abismo esté cada vez más cerca.