Portada del libro Aparecer con vida de Omar Letizia.

Aparecer con vida – Omar Letizia

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Sinopsis

Miré la hora: 8:55 a. m. Le dije: “Pibito, portate bien, que falta poco. Después bailamos juntos al compás de las tetitas y, si no te alcanza, con las mamaderas…”. Ahí empezó a calmar un poquito los movimientos, pero no pasaron cinco minutos y otra vez comenzó el baile. Llegó el camillero con la camilla y una enfermera que no conocía. Ambos me ayudaron a incorporarme de la cama y a subir a la camilla. Me taparon bien y fuimos camino a la sala de partos. Antes de llegar a la sala de partos, había como una antesala. Ahí me cambiaron de camilla y me dieron toda la ropa esterilizada: gorra, cubrepiés y el camisolín, sin nada abajo. Entonces sí, me entraron a la sala de parto. Allí me esperaba el doctor Enrique, tres enfermeras y una más en un rincón, como si estuviera en penitencia. Pregunté quiénes eran y el doctor me dijo: —Dos enfermeras, una asistente de cirugía y la del rincón, la neonatóloga, quien va a ser la primera en revisar a la criatura apenas salga. Me revisaron, me tomaron la presión y, por último, el doctor me hizo tacto. Entonces me dijo: —Está ahí. Tenés que dilatar un poco más. Lo vas a ir haciendo en un ratito, se te van a ir produciendo contracciones y ahí empezamos. Vos tranquila, que te vamos a ir guiando en lo que debés hacer para ayudarnos a nosotros. —Sí, sí —le dije. Pasaron diez minutos, tal vez menos, y empecé a sentir rigidez y como un pequeño dolor debajo de la panza. Ahí fue cuando se puso la maquinaria a funcionar a pleno. A cada lado mío estaban las enfermeras, la asistente estaba a un costado y el doctor, de frente a mi puertita de salida, mi vagina. Entonces me pidieron que pujara. —¿Qué es eso? —les pregunté. —Hacé fuerza como si quisieras hacer caquita —me dijo casi al oído una de las asistentes. —¡Bien, bien! —dije. Empecé y, al hacer fuerza, comencé a transpirar bastante. Me dijeron que era normal, pero que no perdiera la concentración en la fuerza y que respirara profundo cuando hacía el empujón para producir el pujo. —¡Vamos! ¡Vamos, Elenita, no aflojes, que ya está saliendo la cabecita! Un poquito más, vamos, ¡vamos! ¡Ya salió toda la cabecita! Aflojate, Elenita. —Sí —llegué a decir, y comencé a sentir cómo se acomodaba el cuerpito y salía. Casi a la vez, el doctor Enrique y la asistente dijeron: —¡Es varón! ¡Uy! Sentí una sensación única e indefinida. Los dolores, la transpiración y todo lo demás ya no los registraba. Me pusieron al pibito sobre mis pechos y lloraba. —Tranquilo, pibito, ya estás con mamá —le dije. La asistente volvió a tomarlo y se lo llevó al rincón para revisarlo, pesarlo y medirlo. El doctor Enrique se me acercó, me puso su mano en la frente y me dijo: —Te portaste muy bien. Salió todo normal. Te tuve que dar dos puntos por un pequeñito desgarro, que es normal y se va a ir cerrando con el transcurrir de los días. Vas a quedarte un poco más acá y después te llevan a la habitación. Luego, tipo mediodía, paso a verte. —¡Gracias, doctor! ¡Muchas, muchas gracias! —Por nada, Elena. Se acercó la neonatóloga y me dijo: —Está super normal. Pesó 3,150 kg, mide 51,3 cm y nació a las 10:17 a. m. Madre, ser indispensable como el agua, como el aire, como el ser del universo en el paraíso, que hace, con la frescura de su vientre, la vida.

Ficha técnica

Autores: Omar Letizia Formatos publicados: Papel y Digital ISBN (papel): 9789878779171 ISBN (digital): 9789878779577 Año de publicación: 2026

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