La historia de Occidente, en su orden y su revés, solo puede ser comprendida a través de las tensiones jurídicas. Reconocer que el orden hace pie en fundamentos humanos y en actos permite salir del laberinto del engaño que oculta una simulación de justicia y corregir nuestros temores.
“Para una verdadera justicia que no trascienda las palabras, cada cosa debe, como ensayo y medida propia y limitada, permitir decidir verdaderamente en los márgenes”.
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